sábado, 10 de diciembre de 2016

Hay que cuidarlas … (a ellas)

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Maravilloso dibujos a lápiz de Enric y Carles Codina Sagré (Codina)


10 diciembre 2016

Esta mañana, mientras iba a mis cosas en el centro mismo de esta querida Ciudad,  he visto a un hombre al que conocí hace unos veinte años, al menos.

Entonces él “era” un importante “cargo“ de la CAM y hablar con él era como una concesión del estado, es decir, imposible salvo que seas amigo de uno de “ellos”.

Pero hoy le he visto con un carrito de la compra, (o algo parecido), y con sus dos metros de Humanidad andante le he visto por O´Donell, frente al BBVA, con la vista en el suelo y andando como si fuera un robot.

Me he plantado ante él y, de un modo sorprendente, ha levantado la vista y me ha dicho; “Hola Enrique, como te va”.
Superando mi sorpresa, no con cierto aturdimiento, le he dicho que bien y aunque he hecho todo lo posible para no contarle lo mío, he descubierto que sabía casi todo de mí.

“Tienes un interesante Blog”, me ha dicho, “pero no hables de economía, eres un desastre para ello, habla de la vida, no seas estúpido, habla de lo que sabes”. Tras un rato de charla y del desentierro habitual de anécdotas del pasado, me ha estado contando cosas muy tremendas, tanto que ahora, seguramente, no debo contar aquí.

Han sido cosas muy sinceras y muy profundas, como sus mismas lágrimas, las que soltaba por la falta de esa querida compañera que una mañana de la primavera pasada se le fue sin avisar. Un cáncer hepático se la llevó.

Me he acercado al CC de la Gran Vía, he ido a encontrarme con mi amigo Romualdo que ahora está de jefe en la Cafetería y Preparados de Planta Baja hasta que pasen las fiestas, nos hemos dado un virtual abrazo y él me ha invitado a un sabrosísimo café. Hemos hablado de nuestros amores y he comprado dos Botellas de Cava para celebrar que la tengo conmigo. “Hay que cuidarlas Romualdo, hay que cuidarlas, cuando tengas mi edad sabrás de que te hablo”.


viernes, 9 de diciembre de 2016

El tiempo de los peces de la Aurora




Fotografía de Robert Doisneau

09 diciembre 2016 

Hubo un tiempo en que me atrevía con todo; hubo un tiempo en que soñar no era importante por innecesario; hubo un tiempo en que subía los peldaños de las escaleras de padre Claret de tres en tres; hubo un tiempo en que era capaz de lanzarme desde el último trampolín de la piscina de los Baños de San Sebastián en mi añorada Barceloneta; hubo un tiempo en que me subía y bajaba del tranvía en marcha; hubo un tiempo en que decidí ser un valorado profesional universitario; hubo un tiempo en que decidí tener mi propia morada; hubo un tiempo en que decidí casarme con aquella morenaza que todos perseguían; hubo un tiempo en que me puse a tener un enano precioso; hubo un largo tiempo en que empecé a trabajar casi doce horas al día; hubo un tiempo en que era reclamado para construir edificios en cualquier lugar y me puse a viajar … y a viajar más y más.

Hay un tiempo, ahora, que me gusta soñar; hay un tiempo, ahora, que me gusta vivir; hay un tiempo ahora … que también me gusta, quizás más ... cual sea.

Yo no creo en la edad.

Todos los viejos
llevan
en los ojos
un niño,
y los niños
a veces
nos observan
como ancianos profundos.

Mediremos
la vida
por metros o kilómetros
o meses?
Tanto desde que naces?
Cuanto
debes andar
hasta que
como todos
en vez de caminarla por encima
descansemos, debajo de la tierra?

Al hombre, a la mujer
que consumaron
acciones, bondad, fuerza,
cólera, amor, ternura,
a los que verdaderamente
vivos
florecieron
y en su naturaleza maduraron,
no acerquemos nosotros
la medida
del tiempo
que tal vez
es otra cosa, un manto
mineral, un ave
planetaria, una flor,
otra cosa tal vez,
pero no una medida.

Tiempo, metal
o pájaro, flor
de largo pecíolo,
extiéndete
a lo largo
de los hombres,
florécelos
y lávalos
con
agua
abierta
o con sol escondido.
Te proclamo
camino
y no mortaja,
escala
pura
con peldaños
de aire,
traje sinceramente
renovado
por longitudinales
primaveras.

Ahora,
tiempo, te enrollo,
te deposito en mi
caja silvestre
y me voy a pescar
con tu hilo largo
los peces de la aurora!

Pablo Neruda


enriquetarragófreixes



jueves, 8 de diciembre de 2016

Madre: El hijo del amo que es pequeño como yo …


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Fotografía de James Houston

08 diciembre 2016  -  (2015)
Pedí hace unos años, aquí, que si alguien pudiera regalarme una canción, vía correo-e o como quisiera y/o pudiera, de Guillermina Mota – ...Calla fill, no hi pensis … - le rezaría dos rosarios o lo que quisiera y aquí, por fin, dejo lo que recibí ayer … solo pidió que lo o la, publicara.
"Madre, hoy he visto que un barco de plata surcaba la mar, como me gustaría, ay madre, al barco subir..."
"Calla, hijo, no pienses, eres demasiado pequeño, no mires las olas, sigue el camino..."
"Madre, el hijo del amo, que es pequeño como yo, arriba del barco está, nadie le ha dicho "no". Por qué no puedo yo?"
"Ay, hijo, no lo sé..."
"Madre, hoy he visto que un caballo corría allí abajo al prado, como me gustaría, ay madre, poder con él jugar..."
"Calla, hijo, no pienses, eres demasiado pequeño, son juegos peligrosos, sigue el camino..."
"Madre, el hijo del amo, que es pequeño como yo, tiene un caballo todo negro con las bridas de oro. Por qué no lo tengo yo?"
"Ay, hijo, no lo sé..."
"Madre, a mí me han dicho que al Buen Dios pida, y Él me lo dará, un caballo por tierra, ay madre, y un barco por mar..."
"Calla, hijo, no pienses, eres demasiado pequeño; Dios tiene demasiado trabajo, sigue el camino..."
"Madre, al hijo del amo, que es pequeño como yo, Dios el boy escout siempre: nunca le dice "no". Qué mal he hecho yo?"
"Ay, hijo, no lo sé!"



Original, cantada en catalán: https://www.youtube.com/watch?v=3VFoYEPJdO0



Post original: https://enriquetarragofreixes.wordpress.com/2015/12/08/madre-el-hijo-del-amo-que-es-pequeo-como-yo-2/


miércoles, 7 de diciembre de 2016

La Fiesta machista, la estupidez, la Loli y ... la Leonor


Fotografía de Cartier-Bresson


07 diciembre 2016

Hoy tocaba hablar de la revolución francesa, de los mormones y hasta de la escasa fidelidad que siempre muestra Antoine con cualquiera de sus amores. Los dos primeros temas lo eran porque la mujer de Julián había bajado con él y se puso en nuestra mesa a tomarse sus churros con chocolate caliente, pero cuando se fue ya aburrida por no poder meter baza en la conversación, dado que ninguno de nosotros supo decirle nada sobre la vida del Conde Lequio o del último desfallecimiento de la Velén Hestevan, enseguida entramos a matar y nos pusimos a preguntarle a Antoine sobre su salida por la ventana del chalet de su Nastia, una bella sesentona de Moscú, mujer de un acaudalado empresario de turbios negocios y regente de varios bares de copas en la Vega Baja. 

La Loli, el amor secreto a voces y amante fiel de Antoine, intuía que algo pasaba pues las risitas flojas de Antoine y la cara de niños de Instituto viendo a la seño cruzar las piernas que hacíamos todos, hacía prever una nueva historia para no contar de su querido amante secreto del Languedoc. Se acercó y con cara de mujer que espera al marido tras una comida de Navidad de Empresa,  preguntó: ¿Qué está pasando aquí? ... Antoine se levantó y con cara de marido que le han pillado a las tres de la madrugada fumándose un prohibido Marlboro en la terraza del salón, va y le contesta ... "jolie fille, rien ne se passe, je leur dis que je l'aime plus que tout" ... y la Loli, que de mala leche,  (y de tetas), anda sobrada, se le acercó, le rodeó el cuello con sus largos brazos y le estampó un besazo de tornillo que provocó el hoooh de todos los presentes. La Loli, cuando terminó y ante la cara de pollo desplumado que se le quedó al francés, y la de envidiosos y babosos terciarios que se nos quedó al resto, le dijo ... "anda ya, y ahora ya les puedes contar a estos simpáticos creyentes todos esos cuentos  y aventuras imaginarias que tanto te gusta contar viejito mío" ... y pellizcándole la cara con rabia se dio la vuelta nuestra barista con un par, y con paso balanceante y sensual, se marchó montada en esos imposibles taconazos que siempre luce de madrugada y nos dejó a todos pensando en la belleza del amor sincero y en eso de la estupidez de la semántica machista a la hora de contar que se es así de puro macho aunque, de ser cierto, nunca sería necesario contarlo ... "Cosas de hombres ... dirían nuestras sabias abuelas ... cosas de viejos estúpidos", dijo la Leonor desde la mesa de al lado como si me hubiera leído el pensamiento.





Enviado desde S6+Edge


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