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martes, 16 de marzo de 2010

Construir bien: ¿aún se puede? – ¿entonces como gozaría de la sexualidad vecinal?

 

16  marzo 2010

 

Fotos robadas del Álbum del FaceBook de mi amigo Fernando Sancho

ferando sancho sifre

Hoy tenía un grave tropiezo con algunos de los tertulianos de mi vida virtual, y mientras unos decían que lo que yo debía hacer era meterme en las ventanas que dejan en las obras para la gente de mi edad, es decir, me han llamado; viejo reviejo, ¿por qué no te metes en tus cosas?, el director de la barra y otro que no conozco de nada, me decían; No les hagas caso. 

Al tiempo el director de la barra trataba de explicar al público presente y al ofensor, con quién se estaban metiendo. Resulta que me había puesto a explicar que ayer le robé unas preciosas imágenes a mi excompañero y amigo, Fernando, el Sancho, sobre determinadas vistas de la arquitectura del ayer y sobre las que ambos coincidimos en apreciar alguna riqueza y/o belleza, cosa absolutamente negada para la arquitectura inmobiliaria de hoy.

Con solo un café y ni una sola copa reparadora de Cava de Andújar, o Moscatel de Cuntis, por decir algo, me he puesto a cantar una terrible canción que sonaba a cosas del Escobar de los mejores tiempos. Con ello, les he demostrado que yo era un tío de la obra, pero de la obra de los 70, que era cuando los albañiles del Carmelo Barcelonés, cantaban sus penas a los vientos de la grúa de la Calle Calderón o de la Calle Murtra, que es donde desarrollé mi primera jefatura como Jefe de Obra de la cosa del ladrillo.

Oye, este tío será, o habrá sido lo que dices, pero está como para meterle en el psiqui de Foncalent, que es lo mismo que el San Boi Barcelonés, pero en versión Alicantina. Eso le contaban los sorprendidos, público y ofensores, al director de la barra, pero, como lo he oído por el lado derecho, que es el bueno, he soltado un seco; De eso nada. A continuación he comenzado a contar lo que siempre cuento del asunto y que tanto gusta en las “Charlas” de aliño que de vez en cuando me voy “arreando” por cualquier foro donde me invitan a hacerlo. En una reciente charla que di en una empresa de una población de La Marina, algunos de los presentes se “meaban de risa”, (casi literalmente), cuando mostraba ciertas imágenes sobre lo que de barbaridades se puede ver en un acabado de obras de viviendas, no siendo ningún eximente, precisamente, que la empresa constructora fuera de las denominadas de élite y que la Promotora Inmobiliaria que les pagaba también lo fuera. Queden tranquilos los culpables pues nunca nombro al pecador, o eso creo.

Por tanto, oír a mi vecina como goza de sus desenfrenos sexuales, (cuya frecuencia pone en clara crisis la mía y la de muchos, supongo), saber cuando limpian la escalera o cuando llega de Mdrid mi vecino, simplemente porque pone los platos encima del mármol de su cocina, es una gran ventaja del buen hacer constructivo de hoy. Lo peor es que a mi el castigo me ha llegado como Dios hace esas cosas, lo estoy pagando con el dolor en mi propia carne, pues, encima, no me puedo quejar.

Ahora me acuerdo, cada vez más, de todos los técnicos que pasaron por las obras de mi vida, pero sobretodo, de la última. Dios Mío, ¿donde estuvisteis?

 

Enrique Tarragó Freixes

etf-etc-etl

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