domingo, 25 de febrero de 2018

Rencores

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25 febrero 2018


Hoy es un buen día para aparcar algunos rencores, especialmente aquellos que te hacen más daño que otros y a otros.
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sábado, 24 de febrero de 2018

El Doctor Zhivago, los 23F y la nota que me devolvió a la vida

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24 febrero 2018


Han pasado, ya, muchos años de ello y las dos efemérides del día ya ni siquiera nadie las recuerda, mucho menos a los que  nacieron mas allá de principio de los 70. Ni el golpe de estado de Tejero en el 81, ni la expropiación de Rumasa en el 83, son motivo de conversación alguna en parte alguna. Será, no obstante, que acabo de ver la película de amor mas querida en mi casa, Doctor Zhivago, pero tengo el alma encendida, cándida y vulnerablemente feliz.

Hoy, además, es sábado y, por tanto, es un día plano para mi y mi cuerpo serrano, el cual se ha quedado, ya, en un discreto trevelez, pero, dado mi estado emocional, quiero acordarme de lo que vi anoche en una mesa cercana a la nuestra, donde, tras la conferencia, y en varias de ellas, se agrupaba el personal a discutir o debatir otro tipo de cuestiones mucho menos pragmáticas. En esa mesa, mientras todos los demás parecían vivir en el mismo ascenso a los Andes en avioneta, ellos, una pareja de chavales, se hacían alguna carantoña cogiéndose constantemente de las manos mientras su ensimismamiento era tan enorme como su indiferencia por lo que estuviese sucediendo a su alrededor. Los veía y me sentía feliz viéndolos, los miraba de vez en cuando hasta el punto que me di cuenta que ella le hablaba a él en el lenguaje de los signos de una forma muy discreta. Se miraban sonreían y de vez en cuando ella le hablaba con algún gesto. Al rato me di cuenta que él se puso a escribir sobre el dorso de uno de los posavasos ante la atenta mirada de ella, haciendo él como que escondía lo que escribía. El puso la nota escrita en posición vertical sobre el vaso de ella a la vez que la miraba a los ojos con ternura y se acabaron dando un largo, tierno y sutil beso. No pude contenerme y, disimuladamente, me acerqué a su mesa para observar la nota y su texto. Cuando lo leí, me emocioné y sin disimulo alguno y ante su extrañeza, les pedí hacer una foto de esa nota y que voy a guardar durante mucho tiempo. La foto es la de la imagen de arriba y, sí, es cierto, la nota me devolvió a la vida.

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Semilla … Surco – Alud … Abismo - Tañido … Rebato

el sexo de los ángeles

24 febrero 2018

Pueden pasar muchos años sin que te dejen conocerle, puede que lo entierren en vida y que a ello contribuya un estado totalitario, al principio y la incultura vigente, después. Finalmente un buen día tropiezas con él y descubres que no es ni un futbolista, ni un socio de Berlusconi, él era, es y será siempre … Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia.
El sexo de los ángeles
Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.
Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Ángela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Ángel dice: "Madero". Y Ángela: "Caverna".
Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.
Él dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Ángel dice: "Estoque", y Ángela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
Mario Benedetti 

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viernes, 23 de febrero de 2018

Confundirse con la gente, un feliz hallazgo


Fotografía de Vivian Maier

23 febrero 2018


Cruzas la puerta del hall del edificio y ya eres cualquier otro, un sentimiento extraño, estúpidamente incomprensible y hasta grotesco, te invade cuando sales de un Hospital. Postrado en el lecho del dolor y te amamantan cual loba a un cachorro. Tu botellita de suero inyectada en vena y los más cercanos al pie de tu cama, con cara de preocupación, de aburrirse, de tristeza y de amable comprensión hacia lo tuyo.

Hoy te mueres pero mañana, cuando cruzas esa puerta y te confundes entre la gente ya eres uno más. Miras alrededor y te das cuenta que nadie te hace el más mínimo caso, no eres transparente pero casi, sí, felizmente, eres uno más.


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