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domingo, 29 de noviembre de 2009

Una mañana de noviembre del 60 y otra muy parecida del 84.



29 noviembre 2009:  

Transmitir confianza y apoyo es un logro poco fácil, cuando se es padre la cosa se complica pues se convierte en obligatoria.
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Yo andaba muy bien, aunque era más bien torpe, me ponían de delantero centro al principio, pero mi lugar era la del 5 y ahí acabé. Como los Espanyolistas Parra, o Bartolí.

Mi Madre, pues ya entonces movía las piernas con cierta torpeza, decía que yo jugaba como el mismo Zoco, que era el 6 del Madrid del principio de la era de la TV color, aquella en que descubrimos en que el Madrid vestía de blanco, blanco nieve, como la que se veía en el Bernabeu de la época.

Pero, antes, en el noviembre del 60 hubo un día especial. No era posible saber si vendría o no lo haría, pues ese día me iban a probar de portero. Eran las cuatro de la tarde en el campo del Gracia, el antiguo Velódromo, yo ya estaba vestido y en el campo. El partido había empezado y estaba esperando que me lanzaran una falta con barrera. Coloqué la barrera, eso a mí siempre se me dio bien, pero de pronto lo vi, más bien los vi, allí estaban Mi Agustín y mi hermana Alegría, los dos estaban allí, sentados en la grada.

Lanzaron la falta y la parada que hice fue tan antológica como grande se hizo mi alma por haberlos visto allí. Me sentía fuerte, me sentía feliz, quería que él estuviera orgulloso de mi y así fue. Siempre me sirvió que él, que ellos, él y ella, se fijaran en mí, siempre los tuve encima y a mi lado. Ellos siempre ejercieron de padres y siempre hicieron eso, tan solo eso, ser padres.

En el 84, en una mañana como la de hoy y como la del 60, el niño ya era padre y ejerció como le habían enseñado. Sufrí, grité y aplaudí, incluso me metí con el árbitro, no era el Campo del Gracia, era una Cancha en un Colegio de Elche, donde mi niño jugaba como el mismo Epi al baloncesto. Veinte niños, a las nueve de la madrugada, competían por ganar el partido, lo curioso, como quizás pase ahora en mayor grado, es que solo estábamos allí seis parejas de padres de aquellos voluntariosos y “espartanos” emuladores de los Epi y Corbalán de la época.

¿Qué hacíamos allí? – No lo sé, seguramente no podría haber estado en otra parte sabiendo que mi niño tenía partido.

Esta historia se la conté a un viejo y joven amigo, el martes pasado mientras tomaba mi café en el lugar de costumbre, después que él me hubiera contado y preguntado sobre qué hacer con un hijo que se le estaba descarriando a la corta edad de 12 años, con el que había perdido contacto moral, y físico, pues nunca sabía dónde estaba, ni conseguía que le contara lo que hacía.

Hoy paraguas y a esperar el gran partido de fútbol de hoy, donde se decidirá quién dirige la mayoría de las burlas en el café de mañana.

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