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martes, 7 de septiembre de 2010

Mi Avi Enric y Manuel, el chico de la ventana.





07 septiembre 2010

Hubiera dado lo que fuera porque el compañero de habitación de hospital, hace ya muchos años, estuviera aquí, hoy, Mamá”.  Así lo dije yo a mi madre el día que cumplí los 15 y ya me sentía un hombre  Había dejado de ser Infantil y ahora ya podía jugar con los Juveniles de la DAMM.

- Él, ellos,  se acercaba/an cada día a verme mientras yo no podía moverme de como estaba, tumbado en el postoperatorio del dolor en el Clínico de la Barcelona del 58. El Doctor Mir y Mir hizo su trabajo, pero Manuel y mi Avi Enric, hicieron mucho más, me enseñaron algo muy escaso.
Todos iban y venían, pero él siempre estaba allí cuando todos se iban. ¿Él? – ¿Y quién es él? – Él eran dos, mi Avi Enric, que aparecía cuando le parecía bien, aunque yo siempre pensé que él estaba detrás de las cortinas del fondo de la gran sala donde yo yacía y cuando no había nadie, allí estaba él con su fiambrera de aluminio y su tortilla de patatas válida, tan solo, para dioses, para que yo la devorara, aún muerto de dolores y de problemas,con mis nueve primorosos años. El otro era Manuel, un chico negro, o eso me parecía, gordo muy gordo y que andaba con mucha dificultad, hacía lo mismo que mi Avi Enric, aparecía, con su bata de enfermo de hospital, aparecía sin que yo me enterase.   Se sentaba junto a la ventana y me contaba lo maravilloso que era el mundo exterior: “Enric, hay ahí unos árboles gigantes que están deseando verte, y mas abajo, en el jardín, hay un montón de flores esperando que pases tú para cogerlas y así llenar el alma de tu Mamá que bastante está sufriendo, la pobre, con lo tuyo”.

- Manuel era así, a él nunca le venía a ver nadie, o eso me decía, pero que los suyos, aunque estaban muy lejos, se contactaban con él a través del aire que insufla el alma cuando nota que necesita el flujo del adivino que quiere y nos hace  creer que algo existe.

- Un buen día Manuel dejó de venir y al otro también y yo empecé a extrañarle, Pensé que se habría enfadado conmigo por mis constantes quejas sobre mis dolores. A las dos semanas me pude levantar y me levanté, me acerqué a la ventana en la que solía sentarse Manuel a contarme cosas y me di cuenta que la vista era horrorosa pues daba a un patio interior del Clínico. Llamé a la enfermera y le pregunté por Manuel. Me dijo que no sabía quien era. Me salí al pasillo y busqué en la sala contigua, pregunté por Manuel; “Sí, ese chico gordo, muy gordo, negro, o mulato, y que …” 

– Una  enfermera se arrodilló ante mí, me cogió por los hombros y me dijo; “Tu debes preguntar por Maymûm, y tú debes ser Enric. Maymûm era ciego, su diabetes y su obesidad mórbida lo tenían muy atado a este hospital, intentó arreglar sus problemas y no pudo ser, una mañana de hace dos semanas se lo llevaron al quirófano pero no volvió nunca aquí, se fue a un  lugar donde nadie puede verlo, pero me dijo que si no volvía pero tú venías a verlo, que no pensaras que se había olvidado de ti, solo se había ido con sus padres a los que hacía ya mucho tiempo que no veía, pero que algún día os volverías a ver”.




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